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El poder del respeto al prójimo

Si observamos la naturaleza, podemos encontrar infinidad de ejemplos que llevan un proceso. Un proceso que por el bien de sí misma es necesario respetar. Con el paso del tiempo y con la vida que en el siglo XXI se sigue, muchos procesos necesarios para el medio ambiente y la humanidad están pasándose por alto. Es por ello, que me gustaría que leyeras este cuento y buscarás la conexión contigo y con tus circunstancias. Espero que sea de tu agrado.

cuento

Entre las ramas rotas de un viejo árbol, un frágil y solitario capullo pendía de un delicado hilillo blanco. Y frente a ese árbol, una pequeña niña que recogía las ramas secas por encargo de su padre, se percató que dentro de ese fino capullo se hallaba una creciente mariposa dorada.

La pequeña, emocionada por su hallazgo, decidió adoptar al diminuto insecto y llevarlo a su casa para ahí resguardarlo de las inclemencias del tiempo y cuidarlo hasta que le llegara la hora de salir. Así, lo colocó bajo una lámpara para darle calor, pero lo suficientemente cerca de la ventana para no sofocarlo. Ese nuevo hogar lucía más acogedor que la rama rota en la que originalmente estaba.

Sin embargo, pasaron varias horas y la mariposa no había salido aún. La niña estuvo esperando toda la noche el gran momento en que el capullo se abriera. Pero no fue sino hasta la mañana siguiente cuando por fin vio cómo el rasgaba el capullo dejando entrever una patita velluda…

Todo era mágico. Aquella niña sentía que presenciaba un milagro. Un milagro que pronto se volvió tragedia porque la nueva mariposa parecía no tener la fuerza suficiente para romper por completo su capullo. Por más que intentaba no conseguía pasar a través de la diminuta perforación que ella misma había comenzado a hacer en su efímera casita.

Entonces, sin pensarlo dos veces, la niña corrió al cuarto de su abuela para, de sus herramientas de costura, tomar un par de delicadas pinzas, así como una larga tijera, fina y afilada. Con ellas, cuidando de no tocar al insecto, fue cortando el capullo para permitirle a la mariposa salir de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su prisión y caminó dando tumbos hacia la luz de la ventana.

Al ver esto, la niña se llenó nuevamente de emoción y abrió la ventana para despedir a la recién llegada en su vuelo inaugural. No obstante, la mariposa no salió volando ni siquiera cuando la punta de las pinzas la rozó suavemente en un tierno empuje.

Pensando que su presencia la asustaba, la pequeña dejó a la frágil mariposa junto a la ventana abierta y salió a jugar. Pasó toda la tarde fuera y cuando regresó encontró al diminuto insecto aún junto a la ventana, en ese mismo lugar donde la había dejado horas atrás. La mariposa estaba inmóvil, con sus alitas pegadas al cuerpo y las patitas tiesas hacia el techo.

Muy triste, la niña llevó el insecto con su padre para contarle lo que había sucedido. Desilusionada, le preguntó qué era lo que le había faltado hacer para ayudar aún más a esa frágil mariposa que había quitado del árbol. Al verla consternada, su padre le acarició la cabeza y le dijo que la mejor forma de ayudar hubiera sido dejar al delicado insecto dentro de su capullo en el lugar en donde estaba y no hacer más…

“Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su capullo para poder vivir, porque durante esos instantes, —explicó su padre—, el delicado cuerpo de la mariposa toma fuerza. La sangre fluye a sus alas debido al gran esfuerzo y así se expanden para poder volar.

La mariposa que cuidaste nunca pudo expandir sus alas porque no dejaste que luchara por sí misma. Muchas veces deseamos aliviar el camino de quienes amamos haciendo las cosas nosotros por ellos, o haciendo lo que nosotros consideramos mejor para ellos. Pero lo mejor es dejar que su propio corazón sea el que inyecte fuerza a sus propias alas.

CRECER es difícil y duele, pero esas dificultades nos enseñan y nos dan fortaleza”.

Crecer es un proceso que depende de uno mismo, no se debe manipular externamente para acelerar o retrasar el proceso.

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